domingo, junio 20, 2021

Aprender a caminar

 Llegamos al mundo indefensos. Dependemos de la buena voluntad de uno o varios terceros que dedicarán parte de su tiempo a atender nuestras necesidades para que podamos sobrevivir. Adivinarán, o intentarán adivinar lo que nos hace falta para estar bien. Nos acompañarán día a día para acercarnos comida, agua, un refugio al que algunos años después llamaremos hogar.

 

En cada etapa de nuestra vida estarán ahí para anticipar necesidades de las que todavía no somos conscientes. Nos enseñarán a atarnos las agujetas. Nos susurrarán secretos para vencer los miedos. El miedo a la oscuridad, el miedo a los otros, el miedo a cualquier cambio. Gracias a ellos llegaremos a ser autosuficientes, independientes.

 

Con el mismo amor con el que nos cuidaron, nos incitarán a irnos de su lado para que encontremos nuestro lugar en el mundo. Nos iremos, y allá lejos, los extrañaremos. Volveremos para, a su lado, aprender de nuevo a hacer cosas de las que nos creíamos incapaces.

 

Las circunstancias de nuestra vida siempre serán otras, nuevas, laberintos para los que necesitaremos la ayuda de un tercero que esté dispuesto a sacrificar parte de su tiempo por nosotros.

 

Ese o esos terceros siempre estarán ahí para ayudarnos. Ya sean los mismos que estuvieron con nosotros desde el principio, u otros. Los rostros cambiarán, quizá, pero la figura permanecerá por siempre. Adonde volteemos, habrá alguien que esté dispuesto a regalarnos una sonrisa, un consejo, una mano para que nos apoyemos en el incierto camino de la vida.

 

Incluso cuando volteemos al espejo, nos daremos cuenta de que nosotros también nos hemos convertido en el que ofrece su mano a otros que la necesitan.

 

Siempre estamos aprendiendo, adaptándonos a los cambios que vivimos. Aunque nos aterran, tenemos el consuelo de los otros. 

Sabemos que siempre podremos llegar con ellos, los que se anticipan a nuestras necesidades, y que nos tomarán de la mano para guiarnos por el mundo, ese mundo que para ellos es ya una rutina, un camino transitado y viejo, pero que para nosotros es una incógnita indescifrable.

 

Caeremos las veces que tengamos que caer, pero con su ayuda nos levantaremos, como nos hemos levantado tantas veces desde que nos dieron la mano para enseñarnos a caminar.

sábado, junio 19, 2021

El camino


'Los caminos del señor' nos traen y nos llevan a lugares que a veces resultan maravillosos, llenos de gente preciosa que nos hace la vida más ligera; pero también a lugares oscuros, fríos, alejados de su mano, en los que tenemos que enfrentarnos a situaciones que nos hacen creer que quizá sería mejor rendirnos.

Por eso decimos que sus caminos son misteriosos: nunca sabemos a dónde conducen. Nos acercan a gente que creíamos muy lejana y nos separan de quienes un día fueron nuestro todo. Nos alejan de y nos vuelven a acercar a nuestra gente, a los poquitos que avanzan cerca de nosotros sin que nos demos cuenta por caminos que algunas veces se cruzan y hasta se confunden con los nuestros.

Mientras recorremos esos caminos, buscamos lo que nos dicen que debemos buscar y que parece escapársenos cada vez que creemos haberlo encontrado: la felicidad. En cada vuelta inesperada, en cada cambio de sentido, detrás de cada árbol vislumbrado a la lejanía, queremos verla materializada, sólida, inequívoca, y en cada ocasión nos desilusiona un poco cuando se nos vuelve a esfumar.

Un día lo entendemos: la felicidad no se busca, no está más adelante en el camino. La felicidad es recorrer el camino y darnos cuenta de que no hay manera de salir de él. La felicidad es abrazar este efímero trayecto y sonreír cada vez que podamos.

Pero la felicidad, al igual que el trayecto que la representa, es efímera y en su esencia incluye también a todos sus contrarios. La felicidad, aunque parezca contradictorio, también es llorar cuando hace falta, también es sufrir y trabajar y perder todo lo que alguna vez amamos.

El camino es absoluto y nos lleva a donde nos lleva, a los lugares que nos reconfortan y a los que nos asustan, a los que nos regalan noches de sueño tranquilo y a las que no nos dejan dormir por la preocupación, a los que alguna vez recordaremos con un suspiro y a los que querremos olvidar apenas los dejemos atrás.

Los caminos del señor son misteriosos, no sabemos a dónde nos llevarán y debemos recorrerlos para conocerlos, con la esperanza de que los lugares buenos justificarán haber pisado también los malos, con la esperanza de que los días de sol nos hagan olvidar los de lluvia, con la esperanza de que al llegar al final podamos decir que la felicidad sí fue para nosotros haberlos recorrido.